Críticas cinematofágicas: Babe,
la cerdita caliente
Babe, la cerdita caliente

Fred
Cineman
Crítico de su majestad
La intención de este blog es provocar. También, aliviar las neuras de una mente, la mía, atrapada entre ortodoxias. Persíguese probar el aguante a la irreverencia del ser humano, perenne subgenio. Nadie, sin embargo, se ofenda. Fácil es no leer lo que zahiere. Huyan de estas páginas los mojigatos de triple golpe de pecho, las felatrices con complejo de culpa, los ecologistas del solo “verde que te quiero verde”, los izquierdistas de seriedad estaliniana, los corruptos sin cargo oficial.
Críticas cinematofágicas: Babe,
la cerdita caliente
Babe, la cerdita caliente

Fred
Cineman
Crítico de su majestad
Film antropológico del afamado director David
Relynch. Un caballo debe pasar una serie de pruebas para convertirse en Yahoo,
digo en hombre. El noble bruto es obligado a manejar tarjetas de crédito con
las pezuñas y a llevar teléfono portátil en la crin, amén de aguantar horas
delante de programas insulsos de televisión. El animal va pasando con esfuerzo
todos los trabajos hasta que llega la prueba cumbre del ser hombre: debe
corromperse y traicionar a un amigo para conseguir un ascenso injusto. Su mente
no acepta someterse a tanta ignominia pero, forzado por las circunstancias,
logra hacerlo. Aceptado por la tribu de los hombres, termina apostando en los
hipódromos carreras amañadas, y en sociedad siendo hipócrita y desalmado. Pero
paga caro su esfuerzo, pues al final, enamorado de una potrilla, recuerda su
pasada dignidad y, no pudiendo aguantar más a los hombres ‑como Nietzsche, o
Cioran, y otros muchos pensadores‑, se suicida. Película con mensaje de David
Relynch genialmente protagonizada por Paul Jockeyshit en el papel de équido. Recomendada
para humanos poco humanos, o sea, para todos los públicos.
Película sobre la soledad de los hombres de
negocios, la soledad del triunfador, la soledad del dinero. Otro Preminger se
enfrenta a su obra más personal. Un joven corredor de fondos, un hombre con
oficina propia en Wall Street, un hombre para quien los bonos del Estado, las
letras del Tesoro y los depósitos a plazo no tienen secretos, un hombre que no
conocía más obligaciones que las que emiten en títulos ciertas empresas, se
enfrenta a la ruina de un matrimonio, al desmoronamiento de una familia, la
suya. Ajeno al mundo familiar, casi sin conocer a sus hijos, casi un inquilino
para su mujer, este hombre con lavabo y cama en la oficina no entiende qué más
quieren de él esos seres a los que provee de buena ropa, vivienda de lujo y
caros colegios. Le hablan de cariño, de ternura, palabras que ha de buscar en
un diccionario y que incluso así no comprende. Divorciado al fin, se da cuenta
de que la situación apenas ha cambiado para él. Sigue proporcionando a esa
ajena familia los medios para pagarse una buena casa, buena ropa y buenos
colegios. Él vive en la oficina. Es feliz. No tiene que ver la tele los domingos
con una señora y unos críos que dicen ser suyos. Lo suyo es la cotización, las
ampliaciones, los derechos de suscripción y los mercados de futuros. Paul
Oldman da vida a este personaje entrañable en una de las películas que más nos
ha gustado a los críticos. Porque todos tenemos mujer, e hijos, y sesiones
dominicales de TV, pero no tenemos la posibilidad de vivir en la oficina y
ganar una pasta gansa. En fin, paciencia y a criticar.
Drama dirigido por Joan Scheissinger para la
Amparamount. La historia trata de un vaquero de Virginia al que echan del
pueblo por no haber podido superar las pruebas físicas para acceder a mozo de
cuadra de los establos municipales. El pobre chico se larga a Nueva York y se
dedica a recorrer las calles en busca de sustento. Como no tenía ni media
leche, la gente se metía con él, sobre todo los "sin hogar", que de
noche no le dejaban sitio en la alcantarilla. Hasta que topa con un chapero del
Bronx, que le promete protección a cambio de que calme su furor uterano. El
pobre cowboy de media leche entiende "luterano" en vez de uterano y
acepta. El chasco que se lleva al descubrir la verdadera afición de su
protector queda paliada por el placer que experimenta al poder comer todos los
días, no ser humillado por los mendigos de la ciudad y tener un par de dólares
en el bolsillo. Al final se acostumbra al trajín e incluso llega a disfrutar.
Insuperable Dust.bin Hoffgay en el papel de protector, y memorable la réplica
que le da John Boy en el papel de Cowboy. Con este fuerte film, Joan
Scheissinger trata de mostrar la dureza de la vida urbana en la capital del
Imperio Americano. Advertimos que ciertas escenas de cama pueden herir la
sexihabilidad de algún gayito.
Historia de un famoso galanteo acaecido en la
Inglaterra victoriana. Una mujer de alta alcurnia, Lady Tea, se enamora de Lord
Oftheflies, un excéntrico aristócrata famoso por sus lacónicas y cortantes
frases. La mujer persigue al aristócrata, organiza fiestas para que acuda,
partidas de bridge, incluso cacerías de zorros. Pero Lord Oftheflies prefiera
la cacería de zorras y su soltería. Tanto insiste la mujer que Lord Oftheflies,
en una fiesta en la mansión de los condes de Winston Chesterfield, delante de todos
los invitados, le espeta a la acosadora: "My fare, Lady",
entregándola un papel con el importe en miles de libras de la tarifa que la
mujer habría de pagar para alcanzar sus favores. Lady Tea se desmaya, lo que no
es mella para que Lord Oftheflies se tome una copa de sherry de Oporto. El
final feliz de la historia contrasta con la acidez que el film desprende
durante casi toda la proyección, pero la sombra de la moral victoriana se
extiende hasta nuestra época. Impecable la actuación de Rex Oedipos en el papel
de Lord Oftheflies y un poco floja la de Audrey Helporn en el suyo de Lady Tea.