martes, 27 de octubre de 2020

Mentiras más comunes

 

Mentiras más comunes


. "Mi modesta pluma, mi modesta persona, mi modesta pa­labra.»


. «Las declaraciones que hizo el ilustre político a La Opi­nión son apócrifas, según un telegrama en que las ha des­mentido rotundamente.»

. «Fotografía obtenida en el instante del suceso.»

. «La compañía responde de todos los desperfectos.»

. «Grandes medallas de oro en varias exposiciones internacionales. »

. «Plato del día.»

. «Círculo de Bellas Artes.»

. «Pescado fresco.»

. «Se prohíbe hablar con el conductor.»

. «La nota de "adquirido" se lee en casi todos los cuadros de esta Exposición.» . «Proveedores de la Real Casa.»

. «Costa, diría... »

. «La reina de los Juegos Florales es bellísima.»

. «Tan admirable ha sido la acogida que el público nos ha dispensado, que vienen agotándose los últimos núme­ros.»

. «El autor del atentado, según se dice, es un pobre demente.»

. «Se prohíbe escupir.»

. «El abono se halla cubierto.»

. «Muchos y valiosos regalos recibió la simpática actriz el día de su beneficio.»

. «En la segunda representación se salvó esta obra, para la que la crítica fue hostil el día del estreno.»

. «Época de veda.»

(Gómez de la Serna, Greguerías)

lunes, 5 de octubre de 2020

Comienzos de La Oveja Feroz

 

La oveja feroz

Comienzos

 

El blog La oveja feroz en realidad nació como un fanzine hecho a mano, luego fotocopiado y distribuido entre colegas de trabajo. De esas primeras hojas tan sólo se hicieron cuatro números. Luego vino la moda de los blogs y me construí uno, y a partir de ahí, todas mis aportaciones fueron a parar al blog. Corría el año 1985. Las profecía de Orwell no se habían cumplido, pero no había que confiarse.

Pero es bonito recordar los comienzos. Al igual que las fotos de los hijos cuando son bebés, ver una de tus creaciones en pañales remueve en nuestro interior ternuras pasadas pero ya desconocidas.

He querido compartir con vosotros estas primeras muestras de vida de La oveja feroz.





lunes, 28 de septiembre de 2020

Críticas cinematofágicas: El último tongo en París

 

Críticas cinematofágicas: El último tongo en París

 

El último tongo en París

 


Film de Berto Bertoluciano prohibido en muchos países por la escena de la mantequilla. Un boxeador en el declive de su vida profesional es llamado ante la presencia de un capo mafioso de París. Se le pide que acepte un combate amañado. Debe enfrentarse a un púgil novel de muy poca pegada y debe dejarse tumbar en el quinto asalto. El viejo boxeador acepta. La noche del combate llega. Suben los púgiles al cuadrilátero y saludan. El viejo boxeador observa que su enemigo es un enclenque que no tienen ni media hostia. No le costaría nada vencerle. Pero decide ir a lo seguro. Acabado el cuarto asalto, vuelve a su rincón. Pero ocurre que su asistente ha perdido la crema de suturar las heridas y le pone en las mismas un montón de mantequilla, que casualmente llevaba en la bolsa. El púgil viejo sale dispuesto a dejarse tumbar. Pero sucede que en un ataque del jovencito, al aplicar éste su guante sobre la cara del veterano, el guante se le resbala por culpa de la mantequilla, se desequilibra y se da con un poste del ring y queda KO. El pobre veterano, que no entiende lo que pasa, ve como los mafiosos, en primera fila, le miran con cara de muchos enemigos. Y se va al camerino y se cambia y huye... Magistral Mirlon Blando en el papel de púgil acabado. La fotografía de los barrios bajos de París es excelente, creíbles las escenas de puterío en Pigalle. Film que no ganó el óscar a la mejor película extranjera por culpa de que quien presidía el jurado posee intereses económicos en la industria de la margarina.

 

Fred Cineman

Crítico de su majestad

lunes, 7 de septiembre de 2020

Críticas cinematofágicas: Rocky 14 (El final)

Críticas cinematofágicas: Rocky 14 (El final)

 Última película de la serie Rocky dirigida por Cristopher Nolansky. En vejez, estando Rocky en un centro de la tercera edad aparece por allí un nuevo interno, un achacoso Jammy Brown, un boxeador medio zumbado que en una ocasión fue derrotado por Rocky. Al darse cuenta el gigantón negro que su enemigo victoriosa estaba en la misma residencia, achacoso como él, ambos con pañales por la incontinencia y portando una barra donde colgar el suero y la bolsa de orina, decide retarle en lo que adivina que será su último combate. Al menos para uno de ellos. Después de varios encontronazos en los pasillos de la residencia, ninguno de los dos cediendo el paso al otro y peleando con los andadores porta-sueros, deciden que sólo uno puede ser el más duro del geriátrico y se convoca una pelea entre los dos. Los gerentes de la residencia, que están hasta las narices de su violento proceder, y a la espera de que uno de los dos la palme, y a ser posible los dos, aceptan patrocinar el combate. Llegado el día prefijado, el comedor despejado y con un cuadrilátero cerrado con tiras de esparadrapo a guisa de cuerdas, dos banquetas en esquinas diagonalmente opuestas, todos los residentes, en sillas de rueda o arrastrando sus andadores o en camilla, acuden a ver el espectáculo. Los dos boxeadores, con grandes pañales para evitar tener que llevar bolsas de recoger orina, pero con barra metálica con ruedas para sostener el suero que necesitan, se sitúan en sus respectivas esquinas. El negro Brown intenta calentar la pelea insultando a su contrincante, pero en el esfuerzo se le sale la dentadura, que cae al suelo, y Rocky se ríe, pero con disimulo, pues se ha olvidado la suya en la mesilla y no quiere mostrar sus despobladas encías. Comienza el combate, los dos contrincantes se acercan al medio del improvisado ring arrastrando la barra con el suero. Como guantes les han colocado dos pañales de adulto bien atados a las muñecas. Se observan, se lanzan algún que otro amago de puñetazo, con temor a una luxación o que en un movimiento brusco se les salga la cadera. Rocky se lanza a por su oponente con fuerza, pero se le cae la barra con el suero y el árbitro, el doctor Gannon, pide tiempo muerto. El primero y segundo rounds son parecidos, amagos y más amago, pero ningún golpe, más pendientes ambos de que no se les salga el apéndice o un hueso. Es en el tercer asalto donde todo se dirime. Rocky no puede más retener la vejiga y se echa una gran meada en sus pañales, pero tan grande es la orinada que esta se le escurre por las piernas, llegando al suelo. Y entonces, en un movimiento de pies en ataque, Rocky se resbala con su orina, da un puñetazo al aire y cae de espaldas. Se oye un luctuoso crack y Rocky deja de moverse. El árbitro intenta reanimarlo primero con masajes cardiacos y luego con un desfibrilador, pero es en vano. Rocky ha fallecido. Jammy Brown, exultante por haber vencido, alza os brazos con tanto furor y entusiasmo que se le va la vía que le mantiene ligado al suero y otros alimentos vitales. Eso le causa una entrada de aire en los conductos arteriales y cae allí mismo, falleciendo a los pocos minutos. Los asistentes vitorean a ambos contrincantes, a los dos muertos, pues se han divertido. Claro que algunos residentes, avispados, se van corriendo como pueden, pues su movilidad es reducida, para pedirse la habitación de Rocky, que es la que tiene las mejores vistas de la residencia.

         Como el film, ya lo hemos dicho, está dirigido por Cristopher Nolansky, ahí no acaba la película, pues de alguna manera el tiempo retrocede y vemos como los personajes rejuvenecen y crean agujeros inconsistentes del espacio-tiempo, hasta que Rocky termina en el vientre de su madre, donde perece por un aborto involuntario.

 

Fred Cineman

Crítico de su majestad



sábado, 22 de agosto de 2020

Críticas cinematofágicas: Babe, la cerdita caliente

 

Críticas cinematofágicas: Babe, la cerdita caliente

 

Babe, la cerdita caliente

 

A una granja de rígidos presbiterianos llega una cerdita ganada en una tómbola agrícola. La cerdita es acogida por una familia de perros. Cuando crece, la cerdita es tan cerdita, que pervierte a los cachorros que son como hermanos y los seduce y se dice que eran doce. Su fama de cerda se propaga por toda la granja y animales de todas las clases acuden para consolar a la cachonda marrana. Pronto su fama de guarra se propaga fuera de los lindes de la granja y a todas horas podía verse multitud de animales haciendo cola, y más colas y colas, hasta que el dueño, presbiteriano-calvinista, hace números, le gustan, los bendice y monta un negocio. De la pocilga hace un lupanar y se forra. La cerdita es presentada a premios de guarrez por todo el condado, ganándolos, dando así fama a su amo y a su granja. Hasta que su amo, calvinista-presbiteriano de poca fe, siendo su esposa una vieja gorda, mira con ojos pillos a la cerdita y nota su atractivo y la invita a pasear por los establos cuando éstos están vacíos. La cerdita, inocente, acude, y el amo le acaricia los lomos, los jamones, y se excita (el amo) y la incita... La película, con moraleja presbiteriano-calvinista, termina con el cerdo en lonchas, capricho del ama que ha descubierto el juego del marido. Película para niños de 40 años o zoofílicos de cualquier edad. Dirigida por la realizadora Piggy Sue para BuenaBestia International.

 

Fred Cineman

Crítico de su majestad

lunes, 20 de julio de 2020

Críticas cinematofágicas: Un caballo llamado hombre


Críticas cinematofágicas: Un caballo llamado hombre

Un caballo llamado hombre

Film antropológico del afamado director David Relynch. Un caballo debe pasar una serie de pruebas para convertirse en Yahoo, digo en hombre. El noble bruto es obligado a manejar tarjetas de crédito con las pezuñas y a llevar teléfono portátil en la crin, amén de aguantar horas delante de programas insulsos de televisión. El animal va pasando con esfuerzo todos los trabajos hasta que llega la prueba cumbre del ser hombre: debe corromperse y traicionar a un amigo para conseguir un ascenso injusto. Su mente no acepta someterse a tanta ignominia pero, forzado por las circunstancias, logra hacerlo. Aceptado por la tribu de los hombres, termina apostando en los hipódromos carreras amañadas, y en sociedad siendo hipócrita y desalmado. Pero paga caro su esfuerzo, pues al final, enamorado de una potrilla, recuerda su pasada dignidad y, no pudiendo aguantar más a los hombres ‑como Nietzsche, o Cioran, y otros muchos pensadores‑, se suicida. Película con mensaje de David Relynch genialmente protagonizada por Paul Jockeyshit en el papel de équido. Recomendada para humanos poco humanos, o sea, para todos los públicos.

Fred Cineman
Crítico de su majestad

lunes, 6 de julio de 2020

Críticas cinematofágicas: La soledad del corredor de fondos… de inversión


Críticas cinematofágicas: La soledad del corredor de fondos… de inversión

La soledad del corredor de fondos... de inversión

Película sobre la soledad de los hombres de negocios, la soledad del triunfador, la soledad del dinero. Otro Preminger se enfrenta a su obra más personal. Un joven corredor de fondos, un hombre con oficina propia en Wall Street, un hombre para quien los bonos del Estado, las letras del Tesoro y los depósitos a plazo no tienen secretos, un hombre que no conocía más obligaciones que las que emiten en títulos ciertas empresas, se enfrenta a la ruina de un matrimonio, al desmoronamiento de una familia, la suya. Ajeno al mundo familiar, casi sin conocer a sus hijos, casi un inquilino para su mujer, este hombre con lavabo y cama en la oficina no entiende qué más quieren de él esos seres a los que provee de buena ropa, vivienda de lujo y caros colegios. Le hablan de cariño, de ternura, palabras que ha de buscar en un diccionario y que incluso así no comprende. Divorciado al fin, se da cuenta de que la situación apenas ha cambiado para él. Sigue proporcionando a esa ajena familia los medios para pagarse una buena casa, buena ropa y buenos colegios. Él vive en la oficina. Es feliz. No tiene que ver la tele los domingos con una señora y unos críos que dicen ser suyos. Lo suyo es la cotización, las ampliaciones, los derechos de suscripción y los mercados de futuros. Paul Oldman da vida a este personaje entrañable en una de las películas que más nos ha gustado a los críticos. Porque todos tenemos mujer, e hijos, y sesiones dominicales de TV, pero no tenemos la posibilidad de vivir en la oficina y ganar una pasta gansa. En fin, paciencia y a criticar.

Fred Cineman
Crítico de su majestad