lunes, 22 de noviembre de 2021

Críticas cinematofágicas: La alpargata sobre el tejado de cinz

 

Críticas cinematofágicas: La alpargata sobre el tejado de cinz

 

La alpargata sobre el tejado de cinz

 

Olson Whales adapta al cine esta magnífica pieza del teatro del dramaturgo Tinny Sees Williams. En una plantación sureña, en pleno estío, un matrimonio vive momentos de ruptura. Él es un borrachín que sólo desea que su suegro la palme y no tener que aguantar sus aburridas partidas de bridge a las que, por amor a su hija (de él, del viejo, esto es, el padre; el padre de ella...), se ve obligado a soportar. Ella (la hija; de él, del suegro; o sea, su padre) ama a su marido, pero teme a su padre (de ella, no de él; él es huérfano). Cierta noche que el hombre (el marido, no el padre) ha bebido más de cuatro rosas, le confiesa a su mujer (la suya, no del padre; el padre es viudo) que odia a su padre (el de ella; él es huérfano, como ya hemos señalado) y que ójala se muriera (su padre, no ella). Antes de que la mujer pueda contestar, se oye un maullido que entra a través de la ventana, abierta por el bochorno (a causa del bochorno, no que el bochorno la haya abierto). El hombre se asoma y sobre el tejado de cinz del granero vislumbra a un gato maullador. De rabia, se quita una alpargata (el hombre, no el gato) y se la arroja al gato, quien la esquiva y se larga con los maullidos a otra parte, dejando la alpargata sobre el tejado de cinz. Drama genialmente interpretado por Ball Neumann y Hortaliz Sastre, así como por el propio Olson Whales en el papel de padre (de ella, no de él, él es huérfano, ¿está claro?). Recomendada para espectadores despiertos (esto es, listos, avispados, no que velen).

 

Fred Cineman

Crítico de su majestad

lunes, 8 de noviembre de 2021

miércoles, 20 de octubre de 2021

lunes, 20 de septiembre de 2021

Críticas cinematofágicas

 

Los surferos de la tabla redonda

 

Película del realizador Lancelot Lake que distribuye la Cunniversal Lingus. En las costas del sur de Inglaterra tiene lugar un peculiar torneo. Diversos caballeros deben competir por alcanzar la copa, el trofeo de la reina, que se disputa en las playas de Eastboune. Un partida conocida como los caballeros de la tabla redonda, procedentes de Yorkshire, parten como favoritos. Otros caballeros, con tablas tradicionales, pretenden arrebatarles el preciado trofeo. Junto al mar se pertrechan los participantes. Los curiosos se arremolinan para contemplar a los surfistas de la tabla redonda, tan novedosa, tan fuera de lugar. Hecha de material poroso, una mezcla de cadmio con plástico verde, la tabla va acompañada de velas reglamentarias, pero el mástil es más ligero. Capitanea a los caballeros de la tabla redonda el legendario Ray Arthur, campeón indiscutible de las cinco últimas ediciones de esta copa del rey, o mejor, de la reina. Los surfistas se disponen a comenzar la carrera. Pertrechados, impacientes, los participantes aguardan sujetándose a la cuerda de salida. Y la regata comienza... La película, que utiliza como actores a dos de los principales deportistas de la especialidad: Skinn Tanned y Bitch Boy, mantiene la intriga deportiva hasta el final, generando en el espectador un exceso de adrenalina que conduce, en la mayoría de los casos, a odiar el surf para el resto de su vida. Film recomendado para amantes del volley playa y otros horteras de verano.

 

Fred Cineman

Crítico de su majestad

miércoles, 25 de agosto de 2021

Críticas cinematofágicas: Gritos y cazurros

 

Críticas cinematofágicas: Gritos y cazurros

 

Gritos y cazurros

 

Film del genial Big Maar Veermar que relata los sufrimientos psíquicos de una sueca a quien su eco le confiesa que de pequeña estuvo enamorada de su padre. Se pudre la mujer de tanto luchar contra su ego hasta que entra en escena Borg. En la escena de la ex cena, Borg le confiesa que los espaguetti no estaban en su punto, lo que le recuerda a la mujer que su padre solía tocar la armónica ‑desafinando‑ las noches de verano que no nevaba. Borg no sabe qué decir y se calla, pero el silencio exaspera a la mujer quien grita y grita. Desesperada por el conflicto interior, abatida por lo que intuye puede ser un culpable complejo de Edipo, Ula, la protagonista, o más bien protagónica, se recluye en un manicomio de un pueblecito de la meseta española, pueblecito donde abundan los cazurros. En el cálido jardín del sanatorio, Ula grita cuanto le viene en gana, sin que los cazurros le hagan el menor caso. Al final, angustiada por la indiferencia de los pueblerinos del lugar y por una interiorización psicótica de su incapacidad de aprender el encaje de bolillos, Ula se suicida, dejando una carta para su amado Borg, quien, en Suecia, ya se había olvidado de ella y se dedicaba, con enorme éxito, al Gran Slam. Retorcida película de Big Maar Veermar, que cuenta en su reparto con la fiel actriz Cutre Ulmann. El joven Borg es interpretado por un joven actor de nombre Paar Tostonsson. Película recomendada para psicoanalistas y otros enfermos mentales.

 

Fred Cineman

Crítico de su majestad




domingo, 11 de julio de 2021

Críticas cinematofágicas: Lo que Adviento se llevó

 

Críticas cinematofágicas

 

Lo que Adviento se llevó


Folletón cinemitográfico que utilizando como trasfondo la guerra civil americana, nos cuenta una peculiar historia de amor. Una opulenta sureña, con mansión rodeada de árboles y docenas de criados de color, de color negro, se enamora de un capitán sudista, esto es, con problemas de transpiración. El capitán consulta con muchos médicos su problema "sudista", hasta que concluyen que el problema reside en el uniforme, que no ventila bien. Deja el ejército y se hace con la administración de inmensos campos de Don Algodón. Su novia, de familia patricia, le informa que su padre sólo consentirá en su boda si logra hacer fortuna en poco tiempo. El ex capitán, magistralmente interpretado por Glar Cable, para sacar mayor beneficio de sus campos algodoneros, despide a la mitad de los esclavos, creando la figura del destajo en la recogida de algodón. Todo parece ir bien hasta que llega el viento de Adviento, un viento avariento, desapacible y que arrasa con la flor del algodón de sus campos. Lo que Adviento se llevó, advierte el advientado, no era sólo su futuro beneficio agrícola, sino su inminente braguetazo, por lo que el capitán no tiene más remedio que apuntarse de nuevo al ejército, sólo que esta vez, avezado, se hace del ejército yanqui, que posee más "moral", y su uniforme, hecho de fibra artificial y tela de mallas en los sobacos, no le hace sudar tanto. Su ex prometida, inolvidable recreación de Anna de Halloween, se queda compuesta y sin novio, y al final, en una escena inolvidable, jura ante Dios que jamás volverá a pasar de hombres. Histórico film que dura casi cuatro horas, más o menos lo mismo que la jaqueca que produce su visión. No recomendable para inmigrantes introducidos en patera.

 

Fred Cineman

Crítico de su majestad




lunes, 21 de junio de 2021

Críticas cinematofágicas: Asolo ante el peligro

 

Asolo ante el peligro

 

Western del director John Four (se rumoreaba que eran más de uno) con un insuperable Guiri Copper en el papel de héroe solitario. El sheriff de una pequeña población del Oeste es conocido por causar estragos cada vez que se sentía en peligro: ventanas rotas por los disparos, establos quemados, ciudadanos heridos, subidas de impuestos. Para evitarlos, los ciudadanos le ocultaban cualquier problema que pudiera surgir, aprestándose a solucionarlo ellos mismos. Saben que si el sheriff se siente en peligro, asola a la población causando más daño que las posibles acciones de los delincuentes. Cierta vez anuncia su llegada al pueblo un famoso criminal buscado por veinte Estados, bandolero que respondía al nombre de Adolf Reagan. El bandido anuncia su llegada al pueblo en el tren de las cinco y cuarto, un mercancías algo cochambroso, pero barato. El sheriff anuncia que acudirá a su encuentro y se enfrentará sólo al peligro. Los habitontos, ante este anuncio de catástrofe, abandona el pueblo por precaución. El día de la llegada del bandolero, el sheriff camina hacia la estación pausadamente a través de un pueblo desierto. Matorrales secos cruzan la polvorienta calle. Llega a la estación. Llegan las cinco y cuarto. El tren no acude. El sheriff mira el nombre de la compañía ferroviaria. No es RENFE. No lo entiende. Llegan las seis. Nada. A las nueve de la noche arriba una diligencia con los viajeros del tren, que ha cascado en la estación de Break Down Creek. Sale de la diligencia el afamado Adolf Reagan, se acerca hacia donde está el sheriff, se planta delante y le pregunta a bocajarro por qué no hay nadie en el pueblo. El sheriff contesta con una frase que se haría célebre en la historia del cine: "Es que yo asolo ante el peligro." Clásico western para clásicos amantes del western.

 


Fred Cineman

Crítico de su majestad