Críticas cinematofágicas: La
disputada bota del señor cayo
La disputada bota del señor
Cayo
Fred
Cineman
Crítico de su majestad
La intención de este blog es provocar. También, aliviar las neuras de una mente, la mía, atrapada entre ortodoxias. Persíguese probar el aguante a la irreverencia del ser humano, perenne subgenio. Nadie, sin embargo, se ofenda. Fácil es no leer lo que zahiere. Huyan de estas páginas los mojigatos de triple golpe de pecho, las felatrices con complejo de culpa, los ecologistas del solo “verde que te quiero verde”, los izquierdistas de seriedad estaliniana, los corruptos sin cargo oficial.
Críticas cinematofágicas: La
disputada bota del señor cayo
La disputada bota del señor
Cayo
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Cineman
Crítico de su majestad
Bolas sobre Broadway
Película satírica que quiere retratar, en clave de ironía, el mundo del teatro durante la época de la Prohibición en Norteamérica. Un capo mafioso decide estrenar una obra teatral que ha compuesto su suegra y en la que desea que trabaje su querida. Consultados varios empresarios, estos se niegan, apareciendo sus testículos en cubos de basura a lo largo Broadway al cabo de unas semanas. El tercer empresario consultado, que leía los periódicos, acepta encantado el encargo. Para ello contrata a un escritor sin trabajo que corrija la obra de la suegra del capo y a un profesor de actuación para que instruya a la querida del capo. Ambos, tras varios encontronazos con las inexpertas señoras, renuncian, encontrándose sus testículos sobre las aceras de Broadway un par de días más tarde. Es por esta manía de capar que al mafioso se le dio el nombre de "capo", que quedaría para la posteridad. Al final la obra se estrena, resultando un fiasco, de lo que la prensa se hace eco... eco..., y reco..., reco..., recogen sus bolas días más tardes los barrenderos de Broadway. Película a la que su director, Bally Allen, le echa muchas pelotas. Se rumoreó que un "capo" moderno se interesó por las bolas del director, de ahí el andar como encogido de éste, y su fobia repentina por todo objeto cortante. Magnífico Paul Newball en el papel de capo, así como Sharon Spheres en el papel de querida. Película para hombres con dos cojones.
Fred
Cineman
Crítico de su majestad
Críticas cinematofágicas:
Herri B, el sucio
Herri B, el sucio
Fred
Cineman
Crítico de su majestad
Críticas cinematofágicas: Esta
cosa es una ruina
Comedia que presenta a unos recién casados en
viaje de novios. Llegan a un hotel de Acapulco y se prestan a iniciarse en los
deberes conyugales. Después de aguantar todo tipo de bromas y alusiones de los
empleados mexicanos del hotel (a ella se le da incluso un racimo de plátanos
con la leyenda: úsese en caso de necesidad), se encierran en la habitación y se
desvisten. En ese primer encuentro el marido no puede cumplir. Alega cansancio
del viaje. El segundo día la excusa es los chiles del restaurante y al tercer
día el agobio del calor. La mujer comienza a mirar a los plátanos, que ya
comienzan a marchitarse, con un nuevo tipo de hambre. Así, excusa tras excusa,
transcurren los diez días de luna de miel. Se despiden del hotel, él
abochornado y ella con un nuevo acopio de plátanos para llevarse a Colorado,
donde viven. De vuelta en su ciudad, él pide tiempo para recuperarse y consulta
con varios médicos y con dos curanderas. Los médicos le animan y le pasan unas
minutas de escándalo, las curanderas se ríen y le dicen que no tiene remedio,
que esa "cosa" es una ruina. La cosa termina bien, en unos diez
centímetros, pero cuando la mujer ya se ha largado con el lechero y el marido
ha descubierto que quien en realidad le gustaba era el botones de la oficina
donde trabajaba. Convincente Tom‑Tom Honks en el papel de marido y discreta
Goldie Jaw en el suyo. La película consiguió el premio del jurado del New York
Gay Association Festival.
Fred
Cineman
Crítico de su majestad
Críticas cinematofágicas: Simbad
el merino
Simbad el merino
Fred
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Crítico de su majestad
Aqui‑Va
Kuroshaba nos sorprende con esta magnífica
película sobre las pasiones sexuales en el Japón de los mikado. Una pareja,
desdeñados en sus primeros amores, se juntan en un chiscón del viejo Osaka para
un salvaje mete-saca. La experiencia les gusta y repiten, piten, piten... Y
cada vez van más allá en sus atrevimientos, cada vez disfrutando más de los
sentidos, más resentidos cada vez. Y se vengan, y vienen y vienen. Las
cochinadas que practican llegan a extremos difícilmente imaginables en
occidente, como cuando él le fuerza a ella a tumbarse boca arriba y la masturba
dándole en el clítoris con un matasuegras. O cuando ella le excita chupándole
las legañas de los ojos, de los tres. Su resentimiento llega tan lejos que
deciden practicar el coito jesuita, de hito en hito y el pito en ristre. Y
embiste el nipón y pone tanto empeño que empreña a la nipona, que le tapona el
pene y de pena muere el preñador. La película fue exhibida en el festival de
Canes, siendo la comidilla de todos los chuchos asistentes. Nueva muestra del
genio de Aqui‑Va Kuroshaba que no
deben perderse a no ser que tengan otra película más a mano.
Fred
Cineman
Crítico de su majestad
Críticas cinematofágicas: Dos
cabalgan juntos
Dos cabalgan juntos
Película del oeste clasificada X y que ha
sido aclamada por la crítica. La trama es muy sencilla, una simple historia de
chico monta chica, chica monta chico. El mérito del director armenio Blow
Jobson estriba en los originales planos que recogen la monótona acción. Y las
posturas. Sin recurrir al manido Kama Sutra, manual para yoguis y gimnastas
fantásticos, Blow Jobson consigue que su pareja protagonista (buenísima Pussy
Bust y puestísimo el mulato Dick Fellafronte) adopten al menos 69 posturas, 24
de ellas originales. Los cámaras, con atrevidos travellings y zumbados zooms,
logran marear al espectador, lo que se agradece, pues tras la primera media
hora de polvo, la acción decae y viene bien salir un momento al lavabo para
minguitar, vomitar, o aprovechar para pajearse, pero esto último no es
imprescindible. Para el espectador que lo desee, a la entrada se reparten gafas
especiales que disminuyen el tamaño del pene del protagonista, verdadero
instrumento de crear complejos. Recomendable para alquilar y llevársela a casa,
pues las butacas del cine, tanta es la libido que suelta la película, se hallan
a menudo manchadas de una cosa pringosa que mejor no digo lo que es.
Fred
Cineman
Crítico de su majestad