martes, 18 de abril de 2017

Actualidad de la vieja política

Extracto de «Vieja y nueva política», de José Ortega y Gasset:
“Asistimos al fin de la crisis de la Transición, crisis de sus hombres, de sus partidos, de sus periódicos, de sus procedimientos, de sus ideas, de sus gustos y hasta de su vocabulario; en estos años, en estos meses concluye la Transición la liquidación de su ajuar; y si se obstina en no morir definitivamente, yo os diría a vosotros que nuestra bandera tendría que ser ésta: «la muerte de la Transición»: «Hay que matar bien a los muertos.» Tardará más o menos en venir; pero el más humilde de vosotros tiene derecho a levantarse delante de esos hombres que quieren perpetuar la Transición y que asumen su responsabilidad, y decirles: «No me habéis dado maestros, ni libros, ni ideales, ni holgura económica, ni amplitud saludable humana; soy vuestro acreedor, yo os exijo que me deis cuenta de todo lo que en mí hubiera sido posible de seriedad, de nobleza, de unidad nacional, de vida armoniosa, y no se ha realizado, quedando sepulto en mí antes de nacer; que ha fracasado porque no me disteis lo que tiene derecho a recibir todo ser que nace en latitudes europeas.”
Pues bien; salvo Pablo Iglesias y algunos otros elementos, componen esas Cortes partidos que por sus títulos, por sus maneras, por sus hombres, por sus principios y por sus procedimientos podrían considerarse como continuación de cualesquiera de las Cortes de 1978 acá. Yesos partidos tienen a su clientela en los altos puestos administrativos, gubernativos, seudotécnicos, inundando los Consejos de Administración de todas las grandes Compañías, usufructuando todo 10 que en España hay de instrumento de Estado. Todavía más; esos partidos encuentran en la mejor Prensa los más amplios y más fieles resonadores. La España oficial consiste, pues, en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos Ministerios de alucinación.'

(José Luis Pardo, Estudios del malestar)


lunes, 27 de marzo de 2017

Críticas cinematofágicas: Salvar al soldado Pérez

Salvar al soldado Pérez

Película bélica hispanoli donde se quiere destacar el carácter compasivo del ejército español. El argumento es sencillo: a una madre extremeña, que tenía diez hijos de soldados en la guerra de Marruecos (aquí el espectador debe elegir si considera que se trata de un tiempo pasado o de uno futuro), le matan en la contienda a nueve de ellos. El alto mando entonces, apercibidos por un tío sacristán de la viuda, que tenía un primo que ejercía de machaca en el Alto Estado Mayor, decide salvar a éste décimo miembro de esta mujer, que esperaba a sus hijos para dedicarlos al pastoreo de la merina. El Alto Estado Mayor envía al teniente Llagostera a las montañas del Rif para rescatar a este último Pérez extremeño. La cosa se complica porque el teniente Llagostera es desviado a Canarias primero (algo que ver con un negocio de contrabando de emigrantes ilegales que llevaban a medias el capitán de la fragata y un constructor de Barbate). Total que el teniente Llagostera llega a Marruecos cuando ya ha finalizado la guerra. Se pone a buscar al soldado Pérez, pero éste no aparece. Al final, y después de tribulaciones sin cuento (porque si las contara no acabaría esta puta crónica) da con el soldado Pérez, ahora ex soldado, apalancado en una kasba de Tetuán, arrimado a una viuda rica marroquí que le trataba como un Pachá. Enterado por el teniente Llagostera de lo ocurrido a sus hermanos y que su madre viuda le necesita para el pastoreo, el ex soldado Pérez le dice al teniente que él no vuelve, que allí está mucho mejor que en el monte con las ovejas, que aquí podía meterla en vaginas más acogedoras y que encima no balaban, y además le alimentan, y que su madre se puede meter las putas merinas donde le quepan. El teniente Llagostera, que no quiere fracasar en su misión, urde un ardid para sacar al soldado Pérez de su confortable situación. Pero no os lo voy a contar, jodidos. Si queréis saber lo que pasa vais al cine, tacaños de mierda. Hala, a cascarla.
            El director, Josep Lluis Soga, ha contado para esta película con un elenco de actores jóvenes entre los que destacan Manuel Aleixandre y José Bódalo, que tuvo que ser desenterrado pero que, aún exhumado, lo hace muy bien.

Fred Cineman

27.03.17

lunes, 20 de marzo de 2017

Beber la propia orina

En Japón un monje budista manifestó que se bebía su propia orina como medida de salud y poseía muchos seguidores. En la India hay hindúes que beben su propia orina para alcanzar cotas más altas de espiritualidad. Incluso el Primer Ministro de la India confesó ante las cámaras de televisión que había bebido su propia orina. Finalmente decidí intentarlo yo mismo y quiero compartir con vosotros lo que descubrí.
            El beber tu propia orina no te eleva a ningún nivel más alto de espiritualidad. Es la decisión de beber tu propia orina la que lo consigue. Una vez que has decidido beber tu propia orina, ya has recorrido la mitad del camino. Si eres capaz de trascender ese tabú en tu mente –un tabú que se aprende en la cuna, antes incluso de saber hablar‑, entonces se transforma en una mera cuestión de gustos. Mmmm, un poco salado para mi gusto. Ese es el secreto: el trascender un tabú te libera de un condicionamiento permanente y abre tu mente a nuevas posibilidades.

(Paul Krassner)


lunes, 20 de febrero de 2017

Arte, mentiras y críticos estúpidos

El artista británico Martin Creed ha sido alabado por la crítica gracias a acciones que re­sultan tan inesperadas como tontas. O, mejor, que resultan ines­peradas por ser asombrosamente simples y triviales. En 2001, en la cumbre de su éxito, ganó el prestigioso Turner Prize, el más mediático de los premios de arte que se reparten en Inglaterra, con su Obra No. 227. ¿En qué consistía la pieza que mereció tan importante premio? En nada. La sala en que se exponía es­taba vacía. La obra consistía, sencillamente, en que, de pronto, se apagaban las luces. Después -oh, maravilla- se volvían a encender. Y eso era todo. Puede que durante los cinco segun­dos que permanecían apagadas las luces, el público se llevara una ligera sorpresa; luego todo volvía a la normalidad. Una ex­periencia estética express, para los tiempos que corren, de solo unos pocos segundos; eso era lo que ofrecía Creed. La sorpresa duradera venía luego, leyendo todo lo que se dijo acerca de un acto tan trivial como apagar y prender las luces. En la página del MOMA se lee que Creed, con su obra, "controla las condicio­nes fundamentales de visibilidad en la galería, y redirige nues­tra atención a las paredes que normalmente funcionan como soporte y trasfondo de objetos de arte". Por lo visto, los curado­res del MOMA creen que ningún espectador se ha dado cuenta de que en los museos hay paredes, de que todas son blancas y de que no hay mayor motivo para detenerse a contemplarlas. Maurizio Cattelan, un artista italiano famoso por su escultura de Juan Pablo II aplastado por un meteorito, dijo que la Obra No. 227 tenía la habilidad de comprimir la felicidad y la ansie­dad en su solo gesto. Esta curiosa declaración haría pensar que Cattelan tiene una relación intensísima con los interruptores, y mejor no saber lo que siente cuando alguien abre la llave del agua o enciende una licuadora. Por su parte, la curadora Laura Donaldson afirmó que la obra tenía "muchas capas de conver­sación", y del Tate Britain salió un comunicado celebrando la forma en que Creed exponía las reglas y las convenciones que suelen pasar desapercibidas, y cómo este gesto implícitamente le daba poder (empowerment) al espectador. Es imposible no bur­larse de todas estas interpretaciones. Por lo visto, después de ver la obra de Creed descubrimos lo mágicas que son las paredes blancas, sentimos una descarga de felicidad y ansiedad, y sali­mos del museo sintiéndonos más poderosos y capaces de armar una revolución que contravenga todas las convenciones sociales.

(Granés, Carlos, El puño invisible, Taurus, 2012)

La oveja feroz, 20.02.17


lunes, 23 de enero de 2017

Críticas cinematofágicas: DelicaThyssen

DelicaThyssen

Película del belga Val Duino de corte surrealista. En una casa de vecinos durante la última guerra, las obras de arte eran utilizadas como moneda de cambio por comida, bebida y tabaco. La vecina del quinto consiguió una libra de cular de cerdo por un Matisse, si bien guarda para peores tiempos un Turner, dos apuntes de Picasso y, joya de su colección, un Antonio López falso. El portero ha logrado, tras duros regateos, un suministro semanal de patatas por dos Chagal primerizos y un grabado de Durero. Pero donde surge el misterio es en la viuda del principal, quien se regala todas las noches con los más selectos caviares y patés. Aparentemente no dispone sino de un dudoso Darío de Regoyos y un icono ruso al que ofrenda velas todas las noches. Nadie logra saber cómo logra semejantes lujos con tan escasa pinacoteca. Varios vecinos se cuelan una noche en su casa para averiguar la moneda de cambio utilizada por la viuda. La viuda está en la ópera, pues recibe entradas para los principales eventos. Tras mucho hurgar dan los vecinos con un armario oculto donde la viuda guarda un Louvre completo: auténticos Rafaeles, Velázquez varios, varios Murillos, un Caravaggio, apuntes de Rembrandt y cantidad de Tizzianos. Asombrados, los vecinos prosiguen sus pesquisas. La solución llega al final del film, pues descúbrese que la viuda es la Señora Thyssen. La película ganó el premio Reina Sofía otorgado por la Asociación de Amigos de El Prado de Guggenheim.

Fred Cineman

23.01.17

lunes, 16 de enero de 2017

Perez-Reverte reparte hostias en la Academia

En una de las últimas sesiones de la Real Academia de la Lengua, el autor y hombre de acción Arturo Pérez Reverte le propinó un sopapo mayúsculo a la ñ minúscula por no sé qué discepancia etimológica. También amenazó con darle un par de hostias al que propuso que se aceptara la palabra “almóndiga”, llamándole rastacuero, rabizo y colipoterro. Durante el mismo pleno llamó maricas a un desprestigiado miembro de la prestigiosa institución Y amenazó con repartir “estopa” entre los presentes diciendo que le tenían “hasta los cojones”. Dos miembros desconocidos que nadie sabe por qué pertenecen a la magna institución permanecieron escondidos debajo de sus asientos hasta que dos días después fueron descubiertos por la señora de la limpieza, la que da brillo y esplendor a los cromados de la Academia. Al despedirse de la sesión, Pérez-Reverte amenazó con volver en la próxima sesión con un florete de Alatriste y ensartar con él a quienes aprobaron palabras como “dotor” por doctor, “murciégalo” por murciélago, o “otubre” por octubre. Al final salió por la puerta mascullando palabras que algunos testigos creen que eran sinónimos barriobajeros por “maricas”.

La oveja feroz

16.01.17


lunes, 26 de diciembre de 2016

Críticas Eliterarias: Sobre el origen de las especias…

Sobre el origen de las especias
de
Charles Darwin von Pepper


Sobre el origen de las especias es libro picante, sabroso, condimentado con anécdotas y haute cousine literaria. Todo nace de un viaje que su autor, ayudante de cocinero (marmitón) de un restaurante escocés, emprende alrededor del mundo buscando nuevos sabores con los que entretener el paladar de sus conciudadanos, que tenían el suyo echado a perder con los guisotes á la Inverness y la cerveza negra de alta graduación. Como grumete, se enrola en el bergantín Freagle, que iba a dar la vuelta al mundo porque su capitán, un sibarita liverpoolnés, se le había puesto en los huevos hacer semejante periplo y olvidarse de su mujer y cinco hijos que dejaba en el pueblo de los Beatles, aunque entonces no lo sabían, pero que de haberlo sabido le hubiera dado igual, pues odiaba la música, salvo la de las esferas, dos bolas de latón que no paraba de tocar durante las travesías.
            En el Freagle, Darwin von Pepper iba recogiendo muestras de especias en cada puerto que recalaba, algo de clavo por aquí, algo de pimienta por allá, y luego lo ordenaba todo sobre una mesa y los registraba. Con sus registros acudía al marmitón del Freagle y le decía, que sin enterarse el cocinero, un malayo de malas pulgas y perores salsas, fuera echando en los peroles un poco de cayena, un poco de nuez moscada, una puntadita de azafrán, una raya de pimentón. Darwin anotaba en su cuaderno, de forma precisa, los efectos de las diversas especias sobre los comensales (así llamados porque “comen sales”, lo cual era perjudicial para la salud). Al hilo de estas observaciones, Darwin pudo ver la evolución de los condimentos en base a las distintas especias utilizadas, llegando a la conclusión de que la cocina evolucionaba…

Leo Bücher

26.12.16