lunes, 10 de agosto de 2015

Críticas cinematofágicas: Oldfinger

Oldfinger

Segunda película de la serie de James Pond, el agente secreto de su Majestad albiónica. Un criminal firmaba sus comunicados y talones bancarios con un dedo egipcio que tenía en un botecito de formol. Todas sus fechorías y sus sacadas de fondos tenían la misma firma, la firma de Ramsés XIV, un faraón olvidado por los historiadores y los constructores de pirámides. Oldfinger dominaba todo el entramado de extorsiones del mundo Occipital, y James Band recibe el encargo de cargárselo. Rodeado de tías chipén, James Fond penetra y penetra en los recónditos escondrijos de su enemigo. Oldfinger, que no se queda atrás en lo que a tías buenas se refiere, teje una tela de araña alrededor del agente hijo de la Gran Bretaña y logra casi atraparlo en varias ocasiones, pero las facultades de James Mond, a las que se añaden artilugios de cierta ficción ‑un mechero que escribe en sánscrito, una gafas que son a la vez una estufa de butano, un reloj que marca las horas, un automóvil descapotable que destruye las multas sin dejar rastro‑, logra superar las trampas y al final se enfrenta cara a cara con Oldfinger. Oldfinger, viéndose atrapado, lanza el dedo de Ramsés XIV contra James Gond, el agente de los siete nombres, quien lo evita con pericia, no así el matón que tenía a la espalda, quien se traga el dedo y se transforma en momia al instante. James Tond acaba primero con Oldfinger y luego en la cama con la secretaria del fallecido criminal. Claro que no puede hacer nada, pues enseguida le llama ManyPenis por el “busca” diciéndole que le requiere para hacerle la declaración de impuestos al señor ministro. Basada en la novela homónima de Ian Flema, cuenta con el papel estelar de Sir Connery en el papel de James Wond y las curvas de la novata Sula Andrews.

Fred Cineman

10.08.15

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