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La oveja feroz
30.08.11
La intención de este blog es provocar. También, aliviar las neuras de una mente, la mía, atrapada entre ortodoxias. Persíguese probar el aguante a la irreverencia del ser humano, perenne subgenio. Nadie, sin embargo, se ofenda. Fácil es no leer lo que zahiere. Huyan de estas páginas los mojigatos de triple golpe de pecho, las felatrices con complejo de culpa, los ecologistas del solo “verde que te quiero verde”, los izquierdistas de seriedad estaliniana, los corruptos sin cargo oficial.
Las costumbres romanas son rigurosas: la sodomía y la «irru¬mación» son virtuosas; la felación y la pasividad anal son infames. Pedicare era sodomizar el ano. Irrumare era sodomizar la boca. Fela¬ción es una palabra moderna que dice mucho acerca de la sociedad que la ha elegido. Felfare, chupar espontáneamente, es incom¬prensible para un romano. Solo es posible irrumare activamente al congénere, es decir, obligarlo a que reciba en la boca el fascinus (pene en erección), obligarlo a lamerlo y a mordisquearlo hasta obtener su savia. ¿Savia sabia? Esto nos cuenta Pascal Quignard en su librito El sexo y el espanto. ¿Alguien se espanta?
En mi libro Numeromanía escribí lo siguiente con relación al número 27: “El 27 se ha convertido en un número aciago dentro del movimiento rock. Janis Joplin, un extraordinario caso de vida fugaz y exce¬siva, murió por sobredosis de heroína a los 27 años en una habitación de hotel de Hollywood. Jimi Hendrix también murió a los 27 años, de excesos y sobredosis. Jim Morrison, el cantante y alma total del mítico grupo The Doors, fue hallado muerto en la bañera de su apartamento de París con tan sólo 27 años”.